El Reino Unido se destaca entre los países desarrollados por su enfoque relativamente laxo en materia de licencias de conducir para jóvenes. A diferencia de los sistemas australianos, donde las licencias graduadas son estándar, muchos conductores jóvenes británicos obtienen plenos privilegios de conducción a los 17 o 18 años con restricciones mínimas. Esto crea una situación peligrosa, como lo demuestran las anécdotas comunes del “primer accidente” que comparten los jóvenes conductores del Reino Unido: accidentes que con demasiada frecuencia derivan en lesiones graves o muertes.
El modelo australiano: restringir los factores de riesgo
Australia abordó las altas tasas de accidentes juveniles mediante la implementación de licencias graduadas que abordan directamente los factores de riesgo clave. Estas licencias limitan el número de pasajeros, especialmente de noche, reconociendo que la presión de los compañeros y la inexperiencia se combinan para amplificar el comportamiento de conducción peligroso. La lógica es sencilla: un coche lleno de amigos a altas horas de la noche es mucho más propenso a cometer imprudencias que conducir solo o un viaje con la familia.
Este enfoque no se trata de castigar a los conductores jóvenes; se trata de mitigar las condiciones que conducen a errores fatales. Las estadísticas de accidentes en Australia demuestran una clara correlación entre estas restricciones y la reducción de las muertes de jóvenes.
El progreso parcial de Irlanda del Norte y por qué no es suficiente
Irlanda del Norte ya emplea algunas reglas graduales para la concesión de licencias, pero carece notablemente de restricciones sobre el tipo de vehículo que un nuevo conductor puede conducir. Este es un descuido crítico. Mientras que Australia limita el acceso a automóviles de alto rendimiento para conductores novatos, el Reino Unido permite a los jóvenes de 17 años conducir legalmente vehículos eléctricos cada vez más potentes y asequibles, capaces de alcanzar una aceleración extrema.
A medida que avanza la tecnología del automóvil, esta brecha se vuelve más peligrosa. Los vehículos básicos de hoy son más rápidos y más capaces que muchos autos deportivos de hace una generación. Permitir que conductores inexpertos ejerzan este nivel de rendimiento en carreteras congestionadas del Reino Unido es imprudente, ya que introduce un mayor riesgo tanto para el conductor como para otros usuarios de la vía.
El argumento más amplio: la seguridad por encima de la comodidad
Ampliar las licencias graduadas en todo el Reino Unido no significa limitar la libertad; se trata de prevenir muertes evitables. Los inconvenientes de las restricciones palidecen en comparación con la tragedia de un accidente fatal. A medida que la tecnología de los vehículos continúa desdibujando la línea entre lo asequible y lo de alto rendimiento, una concesión de licencias más estricta no sólo es sensata, sino esencial.
El objetivo no es castigar a los conductores jóvenes, sino garantizar que desarrollen hábitos seguros antes de que se les otorgue el control total de máquinas cada vez más peligrosas. El sistema actual permite un nivel de riesgo que ninguna sociedad moderna debería tolerar.
En última instancia, el Reino Unido debe reconocer que un sistema de licencias graduales no es una restricción para conducir; es una inversión para salvar vidas.
