La inesperada bendición de las carreteras pavimentadas

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Para la mayoría de nosotros, las carreteras simplemente están ahí. Un hecho. Un mal necesario en el peor de los casos y una conveniencia en el mejor de los casos. Pero vivir en un camino rural de tierra durante el año pasado me ha dado un nuevo respeto por el simple milagro del asfalto y el concreto. No es una revelación glamorosa, pero sí fundamental: las carreteras son un logro de infraestructura que damos por sentado.

La labor invisible del mantenimiento de carreteras

Mi nueva vida implica la ingrata tarea de gestionar las calles sin pavimentar de un barrio. Asumir este papel fue accidental; el anterior “presidente” de la asociación de carreteras simplemente… se retiró. Ahora envío correos electrónicos pidiendo dinero a los vecinos para evitar que las carreteras se disuelvan en arena y barro. El sistema es caótico y se basa en calificaciones poco frecuentes y en el ocasional estallido de trabajo personal.

Me he vuelto sorprendentemente competente arrastrando un cubo hacia atrás con un tractor, aunque el verdadero héroe es Rod, un contratista local que llega con maquinaria que desafía la escala. Abordará cualquier problema, desde deslaves menores hasta erosión a gran escala, con equipos que hacen que la construcción de carreteras parezca pintoresca. La pura voluntad de arreglar las cosas es admirable.

Las carreteras como logro histórico

Esta experiencia ha cambiado mi perspectiva. Conducimos casualmente sobre montañas a 12.000 pies, a través de puentes que cruzan el océano y debajo de ciudades enteras. Considere cuántas carreteras se construyeron antes de las ciudades a las que sirven ahora. El Partido Donner podría haber llegado a California sin morir de hambre si la Interestatal 80 hubiera existido en 1846. El hecho de que podamos atravesar continentes sobre superficies diseñadas es notable.

La inevitable degradación

Los caminos de tierra, por su naturaleza, son temporales. La lluvia los arrastra, la sequía los convierte en polvo y los árboles los recuperan lentamente. A pesar de los parches y reparaciones, el ciclo continúa. Esto no es un fracaso; es un recordatorio del esfuerzo constante que se requiere para mantener incluso la infraestructura más básica.

La extraña satisfacción del rescate

Los peores caminos, inevitablemente, se cobran víctimas. He sacado del barro camionetas, camiones e incluso un camión de 18 ruedas con cualquier vehículo disponible. La gratitud es real. El absurdo es aún mayor.

En última instancia, el caos de las carreteras sin pavimentar resalta el triunfo silencioso de las carreteras pavimentadas. La próxima vez que te quejes del tráfico o de los baches, recuerda esto: siempre podría ser peor. Y, eventualmente, alguien probablemente lo arreglará.

El hecho es que las carreteras, como cualquier otra infraestructura crítica, exigen un mantenimiento constante y, a menudo, sólo nos damos cuenta cuando fallan. Por eso nuestras carreteras pavimentadas son un milagro moderno.